El cuadro del fondo grande es de Gonzalo, aun sigue en proceso, aunque para mi gusto, así está perfecto. El helecho, que es una de mis plantas favoritas, con la nueva distribución, ahora quedó erradicado en esa esquina. Es que el pobre es tan desperdigado, que no queda otra que arrinconarlo para no tropezar con sus hojas. Lo compramos en un sitio de plantas, en la carretera al norte, desde entonces ha estado en todas las esquinas posibles de la casa.
La sillas verdes son las que Don Yampala (que yo creía que se llamaba Jean Palace) tapizó. Las rojas las había comprado Gonzalo en los galpones de la Avda. Brasil, que venden muebles antiguos.
La mesa, gigante, que aún se puede agrandar más era de los padres de Gonzalo, incluso fue mesa de sala de juntas de la oficina del padre.
Si se hace clik arriba de la foto, se amplia y se pueden apreciar los detalles, que últimamente son parte de mi entretención. Estoy cultivando el arte de poner la mesa. El mantel de tela con ganchillo, es de una tienda típica de cosas de casa, ya encontraré alguno más original. Los platos eran de los padres de Patricio que mi madre tenía guardados en un baúl que me dejó fisgonear. Había todo tipo de vajilla del año de la pera y discontinuada. Finalmente nos regalaron unos platos de gallo y otros de mariposa chinos, que mezclados dan un toque la mar de original.
Para iluminar, solemos encender una lamparita de bambú y velas. Antes estaba el candelabro azul que me regaló Loren, pero ahora está en la mesa baja de centro, queda mejor. Me encantan las flores, pero me da pena (y a nuestro bolsillo también), comprar ramos que se van a morir, así que en la última ida al súper optamos por un crisantemo rojo, que lo único que hace es florecer. Esperemos que así siga.

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